¡AY NICARAGUA, NICARAGÜITA…!

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¡AY NICARAGUA, NICARAGÜITA…!

Fue una historia bonita, llena de esperanzas. En España lo vivimos desde lejos, pero el corazón entonces estaba con Nicaragua, enfrentados todos a la “contra” financiada, ¡cómo no!, por el Gobierno de los Estados Unidos. En aquellos momentos parecía que se nos acercaba la utopía y tocábamos cielo… Ernesto Cardenal lo cantaba en bellos poemas que conectaban la expansión del universo hacia la unidad total, y pasaba de las estrellas a la vida recién nacida en las calles de Nicaragua… Los estantes de las tiendas estaban vacíos y le creaban melancolía, pero Ernesto sentía la alegría por la dignidad del pueblo que había ganado la libertad… Los versos, cantados mil veces, de Carlos Mejía Godoy, nos hacían ver a Nicaragua como la “novia, venida del cielo”, y la adorábamos: “Ay, Nicaragua, Nicaragüita, la flor mas linda de mi querer, abonada con la bendita, Nicaragüita, sangre de Diriangen”… Y terminaba con esa explosión  de cariño: “Pero ahora que ya sos libre, Nicaragüita, yo te quiero mucho más”…

   ¡Quién iba a pensar en este progresivo deterioro de la utopía, transformada ahora en una dictadura llevada a cabo por aquel mismo que lideraba entonces la lucha por la libertad y la paz! “La corrupción de los mejores es la peor de las corrupciones”, como decía el viejo refrán romano. Y todavía peor cuando eso afecta al poder y tiene en sus manos la vida de la gente, de las personas que día a día pisan las calles y los campos, las aldeas, los bosques y las montañas, que quieren vivir en paz y dignidad en su propia tierra. Pero los matan sin más, como tantas veces ha ocurrido no sólo en Nicaragua, sino en Guatemala (El Quiché) o en El Salvador o en Perú, en Colombia, en Chile, en Argentina, en Venezuela… Los matan sin más porque gritan libertad.

Cada día que pasa vuelven las terribles noticias de las matanzas indiscriminadas, (¡como si las discriminadas fuesen diferentes…) a manos de encapuchados enfurecidos, fuerzas paramilitares y francotiradores, amantes de su poder en contra de la gente. ¡Matar a la gente…! ¿En nombre de quién, señor Daniel, señora Rosario, disparan a su propio pueblo? ¿Tan importante es para ustedes su vida y su poder que valen más que la vida de 350 personas, sobre todo los jóvenes de su país, y los cientos y cientos de heridos?

¡Váyase, señor Daniel! ¡Váyase, señora Rosario! ¡Dejen en libertad a su gente, déjenla vivir! ¡Dejen de asesinar, por Dios! Con la voz de Monseñor Romero, san Romero de América, les digo: “En nombre de Dios y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: Cese la represión.” Ustedes se han convertido en dictadores de Nicaragua y se asemejan al Somoza contra el que ustedes, en su día, lucharon. Ahora Somoza y usted son una misma cosa. Es repugnante. ¡Váyanse y dejen a su pueblo en libertad!

     ¡Estoy contigo, Nicaragua! ¡Salvemos a Nicaragua!

José Luis Saborido, S.J. – Director del Centro Pignatelli

 

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