Si Rossellini levantara la cabeza

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Si Rossellini levantara la cabeza

El próximo día 9 de septiembre se cumplirán 50 años del estreno en España de Roma città aperta, la genial película de Roberto Rossellini, prohibida en nuestro país hasta 1969, aunque había sido realizada en  1945 por el maestro italiano. Maestro por un doble camino, porque de su cine ha aprendido – quizás menos de lo que debiera – toda una generación de cineastas surgida en los años sesenta, y porque su última vocación fue precisamente esa, la didáctica, la que le llevó en su madurez creativa a elegir la televisión como un medio para informar y formar al hombre integral.

Pronto habrán pasado también setenta años de su extenso artículo en el hablaba de la crisis del cine como extensión de la crisis cultural y de civilización de su tiempo, y, sobre todo, anunciaba su nuevo proyecto educativo a través de la televisión.

Se lamentaba allí el maestro de la corruptela espectacular que estaba invadiendo a la gran pantalla y de la escasa presencia del hombre real en ellas. La dimensión industrial y comercial del cine estaba dando al traste con el que había nacido para ser el arte de nuestro siglo. Solo en la casi recién nacida televisión – y él se refería a la televisión pública, porque en las cadenas privadas acechaba la misma tentación venal – parecía hallar el resquicio para recuperar lo que el cineasta llamaba “la imagen esencial”, el regreso a la inocencia, el lugar en donde el hombre se reconociera así mismo sin trucos, “ni historias”.

Rossellini no perdió nunca la mirada del niño que fue. Por eso sus películas más que narrar, miran, observan la realidad y la gente con admiración, y, sobre todo, con cierta zozobra. Mira a la persona y a su entorno con ojos propios y sentimiento propio. La muerte de su hijo de nueve años por falta de antibióticos durante la segunda guerra mundial en Barcelona no es ajena, sin duda, a la configuración de esa mirada que escudriña en la perplejidad y busca esa verdad oculta y difícil que no admite artificio ni elaboraciones previas.

Rossellini acudía a menudo al rodaje con unas cuartillas recién escritas que sacaba del bolsillo y entregaba a los actores casi sin darles tiempo a prepararse para la escena. Necesitaba ver cómo se desenvolvía la situación, acompañar los procesos que la realidad imponía y respetarlos devotamente. Nada de estéticas preconcebidas. La obsesión por la puesta en escena acaba tiranizando, y, lo que es peor, vampiriza los hechos que se muestran. Porque se trataba de mostrar, no de describir, y mucho menos, de demostrar.

Tampoco era nada favorable al uso del montaje como recurso expresivo. Partidario de la síntesis, confiaba al largo plano la mostración del conflicto humano, la transmisión de esa lenta espera en la que parecían debatirse sus personajes, una espera privada de grandes palabras, pero en la que todo parecía ser descubierto, y padecido, por primera vez. El montaje lo concebía como una reconstrucción que laceraba la espontaneidad.

¿Se entiende ahora la aparente broma que encierra el título que encabeza estas líneas? Si Rossellini levantara la cabeza, volvería a morirse de espanto ante las nuevas producciones cinematográficas que pululan por ahí, golpeando el estómago del espectador y pasando de largo – que no de puntillas, porque mira que se hacen notar – ante el hombre y la mujer de cada día, que afrontan la vida real cotidianamente. ¿A qué nos suena ahora, entre tanto fárrago de ruidos y de efectos especiales, aquello de que “un travelling es una cuestión de moral” ? Por no hablar de la televisión. El maestro, por fortuna para él, no llegó a conocer el imperio actual de la resinformación y de la telebasura. La miseria cultural y la vulgarización social a las que conduce la búsqueda de la rentabilidad comercial por encima de todo está a años luz, a contraluz para ser más exactos, de aquella dignificación del hombre a la que Rossellini dedico toda su obra televisiva y cinematográfica.

Se cumplen ahora 50 años del estreno en España de uno de los mayores homenajes a la dignidad humana que ha creado el cine. Visto el panorama audiovisual que nos rodea…”si Rossellini levantara la cabeza”… Muy posiblemente le haríamos un favor si lo seguimos dejando en paz.

Luis Úrbez

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