SU TURNO

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SU TURNO

Es de esperar que la llegada al poder de un gobierno socialista implique un cambio en la política cultural del país en la línea de las repetidas promesas aparecidas en sus anteriores programas electorales. Fiados en sus palabras, apostemos por la aparición de un nuevo talante, sin prepotencia y con riguroso y equilibrado sentido de lo público y de lo privado, que extienda la cultura a todos los ámbitos por igual y facilite el acceso a la creatividad a cuantos tengan talento para ello.

Hora es de exigir una actividad cultural no vinculada exclusivamente a los intereses del mercado neoliberal y a la rentabilidad, a clientelismos sectarios, ni al mero escaparatismo, y de apostar por valores que tengan como principal referente la imaginación, el desarrollo integral de la persona individual y de la ciudadanía, y el ejercicio de las libertades y de la diversidad.

Una cultura para todos y con todos, de la que nadie quede marginado por razones económicas, ideológicas o de identidad. La cultura no puede ser partidista porque es un derecho, y nuestro primer y general patrimonio. La cultura es algo más que un recurso educativo, un motivo turístico, un adorno de salón, o un complemento para el ocio. La cultura es el alimento del espíritu y la base de nuestro conocimiento.

Por eso, hay que poner el listón bien alto. Porque tampoco sería deseable que el nuevo Ministro de Cultura, dejándose llevar por la urgente necesidad de dejar claro “el cambio”, adoptase medidas llamativas pero de escasos calado que oculten un bosque menos vistoso, y habitable en lo esencial, y que empieza, sin duda, a oxigenarse a partir de una educación esmerada en la adquisición y el disfrute de hábitos culturales conectados al progreso de la humanidad, y cuanto más justa, solidaria y moderna, mejor.  Seamos ambiciosos en esto.

En verdad que esta breve formulación de deseos publicada al socaire del nombramiento del nuevo gobierno, podría escribirse tras cualquier victoria electoral, sea del signo que fuere, porque se trata de planteamientos previos al reduccionismo político, o mejor, porque son realmente políticos en el sentido original y pleno del término. Estamos hablando de derechos, aspiraciones y deberes elementales. Así que, llegados al poder o al gobierno, es decir, al servicio del común, señoras y señores socialistas, sepan que no se trata de inventar la revolución. Simplemente, es ahora su turno para hacer lo que siempre se debería haber hecho y no adulterarlo nunca.-Luis Úrbez

 

(ilustración: Casa de las Siete Chimeneas. Ministerio de Cultura. Madrid)

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